divendres, 7 d’agost del 2009

VA A SER QUE SOY OPTIMISTA.

Tenía un día de esos negro betún. Había comenzado por la mañana, tempranito y sudando a mares. ¡Maldito calor! Si al menos pudiera sentarme bajo una parra junto a una piscina, soñaba yo. Veía en mis sueños casas blancas encaladas con contraventanas azul intenso entre huertos verdes, caminos polvorientos, cerca del mar. Egeo para más señas.
De pronto unos adoquines rotos y un fresco zurrusco me devolvieron de golpe a mi realidad, la de esquivar todo tipo de obstáculos físicos, afectivos, laborales y monetarios con que la vida salpicaba amablemente mi existencia. En este caso, con excremento añadido.
Una buena zancada y me libré del doble obstáculo en mi camino…, sin apercibirme que un ciclista bajaba por la acera del paseo como si quisiera ganar la etapa contrarreloj de los Alpes. ¡Qué golpe! “¡Cabrón!”. “¡Si serás…!” Vocales y consonantes se enredaban y no conseguía articular palabra, con sentido o sin él.
Yo me había caído literalmente de culo, o más finamente, según primera definición del diccionario de la RAE, conjunto de las dos nalgas. Pero, para mi satisfacción, el ciclista había rodado por el suelo y tenía la bicicleta por collar. Me eché a reír entre gruñido y quejido porque la curcusilla me dolía horrores y no podía levantarme.
El día acabó con baja por fisura del cóccix, justo del tamaño para tener que guardar reposo y dejarme bajar al yacusi de mi hermano en la casa de la playa donde generosamente me recogieron lo que quedaba del infame verano.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada